lunes, 18 de marzo de 2013

Nuevos hallazgos incidentales en telenovela Quinceañera

Preparando una compilación (al parecer ya completa) de los incidentales de Quinceañera.

Mientras compartimos el tema romántico de Maricruz y Pancho:


El incidental de Elvira -¡que busqué durante años!-:


Y vuelvo a postear el tema alternativo de Beatriz y Gerardo, con imágenes de la escena donde se escuchó completo:

lunes, 11 de marzo de 2013

EL DESENCUENTRO MUSICAL DE DESENCUENTRO


     Esperando que el desencuentro no sea para los visitantes, asiduos, fans y fieles de éste blog, me he dado a la tarea de subir la música incidental de ésta telenovela en la que si bien para muchos solo uno o dos temas valen la pena, al escucharlos todos completos, sin hacer clcik sobre el botón de fast forward, descubrimos que la música de ésta fallida producción del desaparecido Ernesto Alonso y compuesta en su totalidad por el maestro Jorge Avendaño Lührs es maravillosa y bien merece la pena formar parte de la discoteca -o MP3teca- de todo fanático de los temas incidentales de telenovelas.

Hay temas, como el Obertura o Andrés y Valentina, que dejan un grato y sensato sabor de boca -y hasta de oídos- a quienes los escuchan, así como temas solemnes, dramáticos, que transportan a quien los escucha a otro lugar. Si bien DESENCUENTRO  es el mejor trabajo de su compositor y como lo dice su título, fue un desencuentro musical para Daniela Castro, la música incidental incluida en el disco (Porque como siempre, no se incluyeron todos los temas usados a lo largo del desarrollo de la telenovela) a pesar de la diminuta selección es buena y merece la pena escucharla y poseerla.





















Y si falta alguno, pueden checar en el canal de youtube. Bon apetit, fanáticos.

sábado, 9 de marzo de 2013

Entrada y créditos de la telenovela Días sin luna (1990)

Nos los habían estado pidiendo.
    Gracias al actor Jaime Sierra por habernos enviado estos dos temas desde su LP.
    01. "Tema principal con Sax"
    02. "Tema Créditos Cantado" (voz: Grecia)
    Ambos compuestos por la gran Amparo Rubín.

    

domingo, 6 de enero de 2013

Éxtasis musical de Cioran... y la música incidental...

El gran filósofo rumano Emil Cioran escribe de manera magistral en todos sus libros sobre el tema de la música. Llegó incluso al grado de escribir -él, tan interesado en el suicidio- que no deseaba morir sólo para que las armonías de Mozart no le fueran ajenas nunca.
     En El libro de las quimeras encontramos un fragmento inicial dedicado a la música, y en concreto al éxtasis musical. Es algo que desde hace tiempo quería compartir con los compañeros de este blog, con los musicalizadores que nos leen y con todos los que se paseen por acá atraídos por cierto tema.
    Antes de copiar aquí ese fragmento de Cioran, quiero compartir una breve reflexión en torno a la música incidental. Cioran se refería en su libro sobre todo a la música de Bach y Mozart (incluso hay un documental donde declaró que una de las últimas cosas del mundo que le seguían fascinando eran las composiciones de Bach, de las que dice que son como la historia de la ascensión al paraíso perdido, sin lograr encontrarlo, mientras que de Mozart opina que es "la música oficial del paraíso perdido"). Sin embargo, a quienes entramos a este blog nos conduce el gusto o el misterio por la música incidental, aunque nuestros gustos musicales, como es mi caso, puedan también desde luego incluir a Bach y Mozart, y hasta los compositores contemporáneos más extraños.
     La música incidental de películas o telenovelas, como es el caso que nos congrega más aquí, es sobre todo música interior, subjetiva, que los personajes no escuchan, con lo cual nos volvemos sus cómplices incondicionales. Aunque lo audiovisual apela más que nada al sentido de la vista y del oído, creo con sinceridad que la música incidental ahonda en estos sentidos o hasta abre otros, por ejemplo un subjetivo sentido del olfato, ya que escuchar el leitmotiv o tema personal de cierto personaje es como si lo oliéramos, es como si, al oír su tema (o sus temas, porque hay personajes que tienen más de uno) oliéramos la fragancia, perfume o incluso hedor de un personaje.
     ¿Por qué?
     Porque la música incidental es narrativa: nos narra algo, pero algo inenarrable, algo indecible. Nos narra una presencia, una existencia, el sonido de un acontecimiento, y aquí es cuando la música cumple su gran e insuperable función de contar lo que no se puede contar o explicar, y cuando vuelve el mundo narrado algo subjetivo y personal de cada escucha/espectador.
     ¿Cuántas veces no nos hemos topado con gente que no siente gran cosa ante un tema que a nosotros nos puede incluso obsesionar hasta la locura?
     ¿Cuántas veces nos hemos preguntado cómo ven una escena esas personas que al parecer sólo sienten la función de la música pero son incapaces de reconocer ese mismo tema usado nuevamente?
     Porque aquí está otra de las características tan especiales de la música incidental: es recurrente. Se vuelve con facilidad una obsesión porque la escuchamos repetidas veces, hasta que nos la sabemos de memoria, y aunque en muchísimas ocasiones nunca logremos escuchar el tema completo o libre de los parlamentos de las escenas donde los vemos. La repetición como concepto psicológico, y más psicoanalítico, es muy complejo. Eso es lo que nos ata para siempre a determinados temas.
     Y aquel misterio -calificado muy bien por uno de nuestros compañeros del blog como "obsesión sobrenatural"- de querer poseer por fin un tema que hemos escuchado a lo mejor desde hace veinte años, sin saber quién lo compuso o, como se dijo, cómo prosigue o cómo termina, cómo se llama, de qué obra forma parte si es que no fue en su origen compuesto para esa escena como música incidental.

     Los dejo con el fragmento del Éxtasis musical, con el que varios se sentirán muy identificados, sobre todo en cuanto a LA MÚSICA INTERIOR que llevamos a todos lados, justo como esos personajes que hemos visto, o, como otros dicen, como si se tratara del soundtrack de nuestras vidas.
     Pego antes un video con parte de este texto de Cioran (y con el gran Adagio de Albinoni) que acabo de encontrar en youtube. El fragmento de Cioran lo tomé de esta página. Les recomiendo a todos la aventura de leer el libro completo.


 
 
Éxtasis musical, Emil Cioran, El libro de las quimeras.
 
Siento como que pierdo la materia, que cae mi resistencia física y que me fundo en armonías y ascensiones de melodías interiores. Una sensación difusa y un sentimiento inefable me reducen a una indeterminada suma de vibraciones, de resonancias íntimas y de envolventes sonoridades.
 
Todo cuanto he creído tener en mí de singular, aislado en una soledad material, fijado en una consistencia física y determinado por una estructura rígida, parece haberse resuelto en un ritmo de seductora fascinación y de imperceptible fluidez. ¿Cómo podría describir con palabras el modo como crecen las melodías, en que vibra todo mi cuerpo integrado en una universalidad de vibraciones, evolucionando en fascinantes sinuosidades, en medio de un encanto de aérea irrealidad? En los momentos de musicalidad interior he perdido la atracción de mi pesada materialidad, he perdido la sustancia mineral, esa petrificación que me ata a una fatalidad cósmica, para arrojarme a un espacio de espejismos, sin tener conciencia de su ilusión, y de sueños, sin que me duela su irrealidad. Y nadie podrá entender el hechizo irresistible de las melodías interiores, nadie podrá sentir el arrebato y la placidez a menos que goce de esa irrealidad, que ame el sueño más que la evidencia. El estado musical no es una ilusión, porque ninguna ilusión puede dar una certidumbre de tal amplitud, ni una sensación orgánica de absoluto, de incomparable vivencia, significativa por sí sola y expresiva en su esencia. En esos instantes en que uno resuena en el espacio y el espacio resuena en él, en esos momentos de torrente sonoro, de posesión integral del mundo, sólo puedo preguntarme por qué no seré yo todo este mundo. Nadie ha experimentado con intensidad, con una loca e incomparable intensidad, el sentimiento musical de la existencia, a menos que haya tenido el deseo de esa absoluta exclusividad, a menos que haya sido poseído de un irremediable imperialismo metafísico, cuando deseara la ruptura de todas las fronteras que separan al mundo del yo. El estado musical asocia, en el individuo, el egoísmo absoluto con la mayor de las generosidades. Quieres ser sólo tú, pero no por mor de un orgullo mezquino, sino por una suprema voluntad de unidad, por la ruptura de las barreras de la individuación, no en el sentido de desaparición del individuo sino de desaparición de las condiciones limitativas impuestas por la existencia de este mundo. Quien no haya tenido la sensación de la desaparición del mundo, como realidad limitativa, objetiva y separada, quien no haya tenido la sensación de absorber el mundo durante sus éxtasis musicales, sus trepidaciones y vibraciones, nunca entenderá el significado de esa vivencia en la que todo se reduce a una universalidad sonora, continua, ascensional, que evoluciona hacia lo alto en un placentero caos. ¿Y qué es ese estado musical sino un placentero caos cuyo vértigo es igual a placidez y sus ondulaciones iguales a arrobamientos?
 
Quiero vivir sólo para esos momentos en los que siento toda la existencia como una melodía, todas las heridas de mi ser, cuando todas mis llagas internas, todas las lágrimas no lloradas y todos los presentimientos de felicidad que he tenido bajo los cielos de estío, con eternidades azul celeste, se han juntado y se han hundido en una convergencia de sonidos, en un impulso melodioso y en una cálida y sonora comunión universal.
 
Me cautiva y me vuelve loco de alegría el misterio musical que yace dentro de mí, que proyecta sus reflejos en melodiosas ondulaciones, que me deshace y reduce mi sustancia a puro ritmo. He perdido la sustancialidad, ese irreductible que me daba prominencia y perfil, que me hacía temblar ante el mundo, sentirme abandonado y desamparado, en una soledad de muerte, y he llegado a una dulce y rítmica inmaterialidad, cuando no tiene sentido alguno seguir buscando mi yo porque mi melodización, mi transformación en melodía, en ritmo puro, me ha sacado de la habitual relatividad de la vida.
 
Mi voluntad suprema, mi voluntad persistente, íntima, que me consume y me vacía, sería no recobrarme nunca más de esos estados musicales, vivir en perpetua exaltación, hechizado y enloquecido en medio de una borrachera de melodías, de una embriaguez de divinas sonoridades, ser yo mismo música de esferas, una explosión de vibraciones, un canto cósmico y una elevación en espiral de resonancias. Los cantos de la tristeza dejan de ser ya dolorosos en esta embriaguez y las lágrimas se vuelven ardientes como en el momento de las supremas revelaciones místicas. ¿Cómo puedo olvidar las lágrimas internas de estos estados de placidez? Tendría que morir para no volver nunca más a otros estados. En mi océano interno gotean tantas lágrimas como vibraciones han inmaterializado mi ser. Si muriera ahora, sería el hombre más feliz. He sufrido demasiado para que ciertos tipos de felicidad no me sean insoportables. Y mi felicidad es tan frágil, tan acosada por las llamas, atravesada de torbellinos, de serenidades, de transparencias y de desesperanzas, que todo junto en impulsos melódicos me arroba hasta transportarme a un estado de beatitud de una intensidad bestial y de unicidad demoniaca. No se puede vivir hasta la raíz el sentimiento musical de la existencia si no puede soportarse ese inexpresable temblor, de una extraña profundidad, nervioso, tenso y paroxístico. Temblar hasta allí, hasta donde todo se vuelve éxtasis. Y ese estado no es musical si no es extático.
 
El éxtasis musical implica una vuelta a la identidad, a lo originario, a las raíces primarias de la existencia. En él sólo queda el ritmo puro de la existencia, la corriente inmanente y orgánica de la vida. Oigo la vida. De ahí arrancan todas las revelaciones.
 
 
Sólo en la música y en el amor existe la alegría de morir, el espasmo voluptuoso de sentir que uno muere porque no puede seguir soportando las vibraciones internas. Y nos regocija el pensamiento de una muerte súbita que nos liberara de seguir sobreviviendo a esos momentos. La alegría de morir, que no tiene ninguna relación con la idea y la obsesiva conciencia de la muerte, nace en las grandes experiencias de unicidad, cuando se siente perfectamente que ese estado no volverá más. En la música y en el amor sólo hay sensaciones únicas; uno advierte perfectamente que éstas no podrán volver ya, y lamenta con toda su alma la vida cotidiana a la que se verá abocado después. Qué admirable goce genera la idea de poder morir en tales instantes, de que, por ese hecho, no se ha perdido el instante. Pues el retorno a la existencia cotidiana tras semejantes instantes es una pérdida infinitamente mayor que la extinción definitiva. La pesadumbre por no morir en los momentos culminantes del estado musical y del erótico nos enseña cuánto tenemos que perder viviendo. En el momento en que concibamos la reversibilidad de esos estados, cuando la idea de una posibilidad de revivir penetre en nuestro organismo y cuando la unicidad nos parezca una simple ilusión, no podremos ya hablar de la alegría de morir, sino que volveríamos al sentimiento de la inmanencia de la muerte en la vida, que no hace de ésta sino un camino hacia la muerte. Tendríamos que cultivar los estados únicos, los estados que ya no podemos concebir y sentir como reversibles, para sumergirnos en los placeres de la muerte.
 
La música y el amor no pueden vencer a la muerte porque, en su esencia, tienden a aproximarse a la muerte a medida que ganan en intensidad. Pueden considerarse como armas contra la muerte sólo en las fases menores. Una música suave y un amor tranquilo constituyen medios de lucha contra ella. No existe parentesco entre el amor y la muerte, como tampoco lo hay entre la música y la muerte, sino que la relación entre sí se establece a través de un salto; que puede tratarse tan sólo de una impresión, pero que interiormente no es menos significativa que un salto. ¡El salto erótico y el salto musical a la muerte! El primero nos arroja por lo insoportable de su plenitud; y el segundo, por lo total de sus vibraciones, que quiebran la resistencia de la individualidad. El hecho de que haya algunos hombres que se suiciden ante la imposibilidad de seguir soportando las locuras del amor rehabilita al género humano, tal y como lo rehabilitan las locuras que experimenta el hombre en la vivencia musical. Quien ni entiende ni siente la música es tan criminal como el que no siente que, en tales momentos, podría entregarse al crimen.
 
Todos esos estados sólo tienen valor y expresan una extraordinaria profundidad si conducen a sentir pesar por no morir. Quien a cada momento se sintiera morir a causa de ellos, sería el que alcanzaría el sentimiento más profundo por la vida. Aunque para todos la muerte empieza al compás de la vida, no todos tienen el sentimiento de morir a cada instante.
 
¡Dar sin cesar un salto musical y un salto erótico a la muerte! O derivarlo de tu soledad, que sea la soledad del ser, la soledad última. ¿Cómo pueden existir aún otras soledades distintas a éstas y cómo pueden existir todavía otras tristezas diferentes? ¿Qué sería de mis alegrías sin mis tristezas y de mis lágrimas sin mis tristezas y alegrías? ¿Y qué sería de mi canto sin mis abismos y de mi misión sin mi desesperanza?
 
Maldito sea el momento en que la vida empezó a cobrar forma y a individualizarse; ya que desde entonces empezó la soledad del ser y el dolor de ser solamente tú, de estar abandonado. La vida ha querido afirmarse a través de la individuación; a veces lo ha conseguido, y entonces ha llegado al imperialismo. Otras, no lo ha logrado y, en ese caso, ha llegado a la soledad, aunque, para una visión más profunda, el imperialismo no sea más que una forma por la cual el ser huye de la soledad. Acumulas, conquistas, ganas y luchas para huir de ti, para vencer tu aflicción de que, en el fondo, no existe otra cosa que tú mismo. Porque la soledad es una prueba para la realidad de tu ser, no para la realidad de la vida en general. El sentimiento de soledad crece tanto más cuanto lo hace el sentimiento de irrealidad de la vida. Desde que la vida quiso ser más que una simple potencialidad y se actualizó en los individuos, desde entonces nació el temor a la unicidad y el miedo a estar solo, y el deseo del ser individual de superar ese maldito proceso sólo expresa el querer escapar de la soledad, de la soledad metafísica, en la que te sientes abandonado no sólo en ciertos elementos, sino orgánica y esencialmente, en tu naturaleza. Por ello la soledad cesa de ser un atributo del ser sólo cuando este ser deja ya de existir.


martes, 9 de octubre de 2012

Temas -y canción incidental- de Cristal

Los tres incidentales que pongo en este video son las variaciones instrumentales de una canción (¿cantada por Carlos Mata?) que se escuchó muy pocas veces dentro de la telenovela. Hubo una escena de Victoria Ascanio arreglándose frente al espejo y esperando a Alejandro, mientras que éste se enteraba de la enfermedad de Inocencia y no llegaría a la cita con Victoria. Por desgracia, donde sale esta escena es uno de los bloques faltantes en la versión videograbada que se hizo en España y que es la que circula. Yo grabé esa canción en un viejo audiocassette y ahora la pongo aquí, por si alguien sabe algo de ella. Se trata, acaso, de los temas más característicos (y de los pocos compuestos originalmente) que tuvo esta telenovela.

Tiempos cibernéticos difíciles

Si de por sí ya, desde lo de megaupload, compartir en internet se volvió un verbo criminalizado, ahora resulta que vemos volverse más y más rígidas las políticas en la llamada red. Apenas hace unos días "alguien" ordenó que se quitaran Cadenas de amargura y Cuna de lobos de las cuentas de youtube donde se habían dedicado a subirlas de manera seriada. ¿A quién afecta esto? ¿A Televisa, que en esos años ni siquiera era la verdadera dueña absoluta de los copyright que presumía?
     ¿Será por la música incidental que alguien mandó eliminar esas cuentas o será otro motivo de Televisa?
     Aquí nos damos cuenta -si es que no lo sabíamos- de lo poco que importamos los entusiastas de las llamadas telenovelas del ayer, y, en especial, los de las bandas sonoras ajenas que esta empresa utilizó durante años. ¿Cómo quedarse apáticos ante una Mi segunda madre que usaba el gran "Moments in love" de Art of Noise a la menor provocación? ¿Cómo no prendarse de esas escenas donde, sin que nosotros lo supiéramos, porque nunca se acreditaba, escuchábamos mezclas de Jarre, Vangelis, O'Hearn, Morricone, Ponty y tantos otros?
     ¿Qué hacer cuando, por fin, en cambio, la música incidental escuchada había sido especialmente compuesta y por tanto pagada, como ocurrió con la obra vastísima de Amparo Rubín y luego la de Pedro Plascencia Salinas, por mencionar dos de los primeros casos?
     Ya alguna vez he expresado que resulta una verdadera vergüenza que no hayan sido comercializados los (a decir de su autor) once temas compuestos para Cuna de lobos. Nadie, hasta donde sabemos, los tiene. Hay gente que los ha reconstruido y subido a youtube, con lo poco que puede rescatarse entre escena y escena. ¿Cómo es posible que la música original de la que se ufana en ser la mejor telenovela mexicana no la tenga ningún mexicano a su disposición -luego de haber comprado un cd-, para escucharla libremente?
      Y antes peor: antes oíamos sin saberlo a grandes músicos extranjeros, muchas bandas sonoras de películas sesenteras, setenteras, ochenteras, y luego lo que las tiendas no supieron más que amontonar en la categoría de "new age".

      Bueno, esta larga introducción sólo para avisar que tengo en mi poder por fin las grabaciones de Cuando llega el amor, así como también las de De frente al sol, sólo que ahora dudo de si deba subirlas (completas, como era mi intención). Cuando llega el amor la tengo en vhs y estaba investigando cómo hacer una transferencia con calidad (costosa, según creo), pero, ante lo arriba expuesto, me pregunto para qué. ¿Tomarse todo ese tiempo y gastos para que luego alguien elimine mi cuenta?
      Por eso pongo mejor sólo enlaces a unas de las -en mi opinión- mejores escenas que logré malgrabar desde la tele y con cámara, y al final aprovecho para poner, editada, la escena que tomé del usuario o youtuber que está subiendo algo de Mi segunda madre.
     Seguimos (creo...).

   













     



   Ah, y unos fragmentos de Las grandes Aguas:



   Y el tema de Noemí Serrano (Anna Silvetti), cuyo autor específico desconozco, pero que intenté editar:

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Hurgando en viejas grabaciones

Estuve hurgando en viejas grabaciones, tanto de audio como en VHS, y he traído algunas cosas que quizás puedan interesar a alguien.

En primer lugar, lo que yo hacía de joven: audiograbar las escenas con la música incidental que me fascinaba. De esto ofrezco tres audios de la parte final de la telenovela Días sin luna, así como los dos últimos capítulos de Amor de nadie.




y la premiación, en los premios TVYNOVELAS, de Ofelia Guilmáin por su personaje de Carlota Parlange:


    También -prometo mejorar la calidad de la grabación-, la pequeña escena de Carlota que salió en el programa homenaje transmitido la misma noche del día en que murió Ofelia Guilmáin. Este programa lo grabé completo. Prometo subirlo:


     Luego audios de Amor de nadie:



        Un video temporal -mientras encuentro cómo transferir de VHS a archivo con calidad, porque de eso no sé mucho- sobre Cuando llega el amor:


        Esta telenovela la tengo completa, excepto por los dos primeros capítulos, que alguien me extravió. Por fortuna salieron dos resúmenes de la parte inicial.

        Y -ya que no tenemos nada de la incidental de Muchachitas-, comparto esta audiograbación. Detalles en la descripción del video: